viernes, octubre 14, 2005

Tinta Roja que nos golpea


Dos noticias de la crónica policial copiapina han logrado impactarme, o más bien golpearme si se quiere, en la acepción menos periodística de este término. La primera de ellas fue el trágico hallazgo de una mujer, en su domicilio, junto a su hija, ambas ya sin vida. Se trataba según las primeras indagaciones de un parricidio donde la madre mató a la hija discapacitada mental y luego se suicidó. La forma de hacerlo, además, fue especialmente brutal, como quien actúa en un trance de locura, más que la obra de una macabra premeditación.
Tiendo a pensar que se trata de una madre agotada, deprimida, que perdió absolutamente la razón, la perspectiva y el amor. Más bien tiendo a no poder procesar qué pasó con su rabia, en eso que hizo posible el asesinato de esa manera de la niña encerrada en el cuerpo de una mujer de treinta y un años que probablemente nunca entendió el mundo demasiado.
Sé por experiencia propia que hay momentos muy agotadores cuando se tiene un hijo con discapacidad, y que hay algunos que prefieren huir o no asumir lo que les parece una carga enorme. El caso de Pablo Neruda, por ejemplo, con su hija Malva Marina que padecía de hidrocefalia a la que prefirió olvidar junto a su madre en Europa, pero como dijo Federico II “los grandes hombres no son grandes a todas horas ni en todas las cosas”.
Me contaban que esta niña-mujer asesinada, producto de su deficiencia mental estaba bastante aislada. Una imagen me quedó dando vueltas, la de la niña encerrada en el auto, sola, mientras los padres compraban en la feria.
Estamos acostumbrados a muchas barbaries, esas sofisticadas del mundo de hoy, pero nos horrorizamos cuando nos enteramos de aquellas más brutales, más primarias, que escapan a la comprensión, a lo políticamente correcto. Tinta Roja, el libro de Alberto Fuguet es magistral en retratarlo a través de la historia de aquél periodista policial que presencia crímenes y escribe sobre ellos con una frialdad increíble, como si se tratara de cualquier cosa, y no hubiera seres humanos detrás de ellas, pero se torna incapaz de seguir ante la muerte de su propio hijo discapacitado. Ahí el reportero se tornó protagonista también de la crónica roja al cargar su furia contra uno de los responsables de la muerte de su hijo y terminar detenido. Claro, en el libro por solidaridad ante el reportero su caso no se transformó en titular de nada.La segunda noticia fue la de una estudiante del Liceo Mercedes Fritis, antiguo Liceo de Niñas de Copiapó, donde una estudiante acuchilló a otra a la salida. Me impactó mucho la foto que llevaron en el titular, donde le ocultaron la cara a la agresora, pero la mostraron esposada, de espaldas, con el uniforme. Con la clásica falda corta y espada. Es una imagen muy fuerte para mi gusto, sobretodo por lo que representa ver a una estudiante en ese trance.

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