miércoles, agosto 10, 2005

Pantalla a negro


(Cuento)


Habíamos terminado dos años orientados a obtener resultados exitosos en las elecciones parlamentarias. Y lo logramos. Pero esa mañana comenzó mal para mí. Mi jefe era uno de los intendentes a los que le solicitaron la renuncia, vendría una DC en reemplazo, yo me quedaría sin trabajo, y sin ninguna idea de dónde obtener uno nuevo. El equipo de confianza pensaba igual, los servicios públicos estaban copados y habría nuevos directores y seremis, lo que hacía más inestable todo.
Con mi ex jefe fuera, partí a un evento preparado para él: la apertura del paso Pircas Negras, que comunicaba a Atacama con La Rioja. Menem llegaría con Cecilia Bolocco al paso fronterizo, para cumplir una vieja promesa antes de las elecciones.
Partimos de madrugada. Conducía el Quique, fóbico al volante. Hernán, el fotógrafo y Mauricio, el estafeta, formaban el resto del equipo. Me dormí, mientras la tensión reinaba luego que la inexperiencia del Quique comenzaba a notarse. Desperté gracias a un movimiento brusco, el abrazo impetuoso del cinturón de seguridad ciñéndome con la fuerza que ningún hombre tuvo jamás conmigo, salvándome de salir expelida. Nos estábamos volcando, no podía ser posible, pero era. No grité cuando la camioneta cayó al suelo. Seguí pensando, dudando si estaba preparada para la muerte.
Infinitos segundos viendo negro, fuera de la realidad, pero conciente y luego fue como abrir los ojos: volvió la imagen. Y sentía mis piernas, los brazos, y el dolor. Traté sin éxito de safar el cinturón. La cabina rozaba mi cabeza, los de atrás estaban bien, sólo con algunas heridas. Con ayuda, corté el cinturón de seguridad. Mi cuerpo cayó sobre mi cabeza, comprobando la eficiencia de la ley de gravedad. Recogí la cartera y salí gateando por la ventana del conductor.
Éramos los últimos y no teníamos radio ni señal de celular. De pronto pasó una camioneta como de los ’60. Su conductor, luego de informarse de lo ocurrido, nos invitó a su majada, un lugar colla donde el agua permite el cultivo de hortalizas, y el cuidado de las cabras.
Minutos después estábamos en la majada, en una casa precaria en medio de la cordillera, construida de tablas dispares, piso de tierra y agua almacenada en tambores. Las mujeres de la casa se esmeraron en atendernos y preparar un almuerzo lo más urbano posible para sus víveres. Escapé para fumarme un cigarro. Miraba a las cabras, los niños jugando entre medio, esa gente viviendo así.
No podía olvidar esa pantalla a negro, era como si no pudiera recordar algo, o se me escapara un pensamiento importante, clave. Debí haber visto mi vida, esa película rápida y no todo negro, qué tonto haberme quedado ciega. ¿Sería que no había nada importante que ver al enfrentarme a la muerte? ¿Tan frágiles e insignificantes eran mis recuerdos?
Reflexioné sobre qué me podía mantener viva: hijos, madre, no tenía pareja, en el trabajo la misión estaba cumplida y no tenía ningún proyecto que me llamara. Mis hijos podrían vivir con su padre, sí, me extrañarían; para mi madre tampoco sería fácil pero mi hermana tendría que mantenerla. En mi puesto estorbaba, y un par de bonitos recuerdos en el amor no pesaban demasiado. Sentía afecto hacia varias personas, pero nada que me aferrara. Balidos, silencio en el camino. ¿Era feliz?
Me refugiaba en la vida social de jóvenes profesionales bebiendo happy hours cada tarde. Había cambiado demasiadas veces de amigos y enemigos, y era blanco de críticas y maquinaciones propias del poder. Aceptaba todo ese mundo y sus extraños códigos como algo natural. La mayoría de mis nuevos amigos me debían sus trabajos, me había transformado en alguien conveniente.
Me pregunté si esos collas serían felices. Qué duro cada uno de sus días, tanto trabajo para alimentarse, seguir a las cabras, abrigarse para no morirse de frío. Nunca sabría si eran realmente felices, o seguían la única forma que conocían de vida. Llevaban sus arrugas profundamente marcadas. Toqué mi piel, lisa, cuidada.
Yo no podía vivir como los Collas, pero tampoco encontré sentido en lo mío. Sentí tan liviano aquello que antes era importante, como llegar a ser jefa, ganarme el respeto correspondiente a la cercanía con mi ex jefe, cursar un magíster, y otros etcéteras. Había estado tan viva hasta entonces, a cien por hora, gozando por lo que salía bien, mover bien las piezas, poner la realidad de nuestro lado. Pero eran demasiadas relaciones superficiales, donde un paso en falso costaba caro. Las relaciones definían quién eras, y tus socios siempre contando puestos como piezas para mover al servicio de la próxima campaña.
El negro, no ver nada. ¿Por qué estaba viva? ¿Por qué esta nueva oportunidad? Miré los cerros, el camino, un vehículo que venía de vuelta y comprendí que estaba todo bien, que el mundo de los últimos años se terminó abruptamente en esa camioneta girando y cayendo de cabeza, o de cabina para ser más exacta, sin dejarme llegar para ser la productora de los actos importantes, para que Menem y Bolocco hicieran su espectáculo sin mí, y, en cambio sólo ver esa pantalla negra y no las imágenes idílicas de mi vida que habría deseado.
Luego de la Mutual, camino a casa, pasé por la plaza, a tiempo para ver a Menem y Bolocco con 3.000 copiapinos ávidos de farándula, de lejos, como una espectadora más. Estaba fuera.
Cinco días después cursaron mi renuncia. Gran parte de mis compañeros emigraron, otros amigos se quedaron para olvidarse de mi número y los restantes en el extrañamiento interno de quienes pertenecieron a otro círculo de confianza.
Desde la cama, aún pensaba en los collas y la pantalla a negro, con la sensación de despertar de esos últimos años. No sería fácil lo que vendría, pero ese tropezón en la cordillera me enseñó la serenidad del distanciamiento, me mostró lo esencial que faltaba en mi vida, y me juré que cuando la muerte volviera a buscarme vería las mejores imágenes, para eso estaba viva.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Me gustó ese trabajo con las imágenes

Anónimo dijo...

Las nuevas oprtunidades son porque aún tenemos algo importante que entregar a otros (sociedad, amigos, seres queridos y a mí). Tu misión está empezando ya que recién estoy disfrutando de tus escritos y tu caminar en el sendero de los blogs.Aún me queda por aprender de tí, así que PONGALE POWER no ma.Patty

Anónimo dijo...

sólo se me ocurrió, sé que sólo un tonto como yo se podría demorar tanto en hacerlo... buscarte en internet, pero bueno, soy yo... es lo que queda, ni siquiera lo que hay... Me revolvió todo C. Mass Media y tú sabes por qué... aunque no creas sigo recordándote en cada puesta de sol que pareciera a veces que será la última... en cada nota musical de mi guitarra que está por ahí... Mi mail es clausdrake@gmail.com y piratadrake1970@yahoo.es Trata de sentir este beso y este cálido abrazo que te envío con todo mi amor...