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lunes, octubre 30, 2006

Boris Quercia: “Soy el rey de los huevones, me vine a celebrar el día del cine donde no hay cine”


El día del cine se celebró en Copiapó, aunque para mi gusto debiera ser más bien un día de reflexión, de esas conmemoraciones que se hacen para recordar a alguien que se ha muerto. Hace un poco más de un año nos quedamos sin cine, el viejo Alhambra, hoy un espacio cerrado que da pena ver.
Boris Quercia proyectó su película “El Rey de los Huevones”, actividad auspiciada por el Consejo Regional de Cultura en la Sala de Cámara. Y Aunque me quedé con las ganas de ver el filme, porque cerraron la puerta antes que yo pudiera entrar debido al exceso de público, sí fui a lo que venía después, un momento de esparcimiento en un pub, con el cineasta y audiovisualistas de la zona.
Ahí me enteré que Boris Quercia había comenzado su intervención en la ceremonia diciendo que realmente era el rey de los huevones porque se había venido a celebrar el día del cine a una ciudad donde no había cine

viernes, septiembre 15, 2006

Cuando Harry conoció a Sally

Ayer, casualmente, me encontré con "Cuando Harry conoció a Sally" y la volví a ver. La disfruté mucho más que la primera vez, con la distancia de los años que al menos a mí me han enseñado a apreciar más aquellas cosas que nos hablan sin tantas pretenciones del género humano, de nuestros defectos, la lucha contra la soledad y la búsqueda tan compleja del amor, cuando es tan difícil estar solos y tanto o más acompañados.
Actualmente puedo apreciar una comedia romántica, cosa que en el año que la vi (1989) sólo me parecía un placer culpable, ya que estaba interesada en indagar en los grandes discursos, los grandes temas, el cine con mayúscula -la experimentación, los independientes, los clásicos la respuesta a qué es un buen cine ¿pero qué es eso?-, además, a esas alturas no tenía la experiencia para reirme de tan buena gana con la escena donde Meg Ryan finge un orgasmo.
Tal vez este filme se conserve en la mentes de muchos y así pase a la historia, por esta escena que a más de un macho habrá dejado con alguna duda respecto al orgullo de siempre llevar al orgasmo a sus parejas, que como a Harry (Billy Cristal) se le desmoronó ante la actuación. Ah! y no está de más recordar el remate de la escena, donde la señora de edad más avanzada le pide al mesero que le sirva lo mismo que a Sally.
Estuve cachureando por ahí y me encontré la escena en cuestión:

Debo decir que la película me gusta completa, por la historia, que me resulta muy cercana, por la forma en que está contada como también por los diálogos que le valieron a la guionista Nora Ephron su postulación a un Oscar.

jueves, enero 12, 2006

Mis nueces para el amor



“Hay que salvar esos recuerdos
Para salvarte a ti”


Mi amiga Burton siempre me había dicho que tenía que verla. Y uno de estos días sucedió naturalmente, casi accidentalmente, ya que la transmitían en uno de los canales del cable. La película tiene una textura que acompaña muy bien la historia de los personajes, de Alicia y Marcelo, que se conocen después del recital Adiós Seru Giran, se enamoran, pero ella decide volver a su pareja que la acompañaba en sus afanes políticos-izquierdosos de la época. Se separan sin valorar el amor. Años después se reencuentran primero en España, exiliada ella y él joven profesional en camino al éxito. Luego en Argentina viven plenamente la historia de amor que el reencuentro le da mayor magia. Pero como dice la narración, Marcelo no habría podido tirarse sin red en esa relación, dejando su matrimonio e hijos por el amor.
Ya con Alicia en crisis, la hija pide ayuda a Marcelo, con ciertas dudas respecto a si se trata de su verdadero padre. Alicia enloquece y el matrimonio de Marcelo cae por su propio peso, demasiado tarde ya para una historia que Marcelo decide igual vivir con la única mujer que ha amado en su vida.
Es una historia de amor, entre Alicia que ha vivido la dictadura argentina y el exilio, su hija noventera que no entiende demasiado la vida en su país y las marcas que lleva producto de las decisiones de sus progenitores y de la ferocidad de los tiempos que desaparecieron a su padre.
Las nueces ayudarían a tener vigor para hacer el amor, pero la abuela de Alicia también decía que eran necesarias alcauciles para el olvido. A Alicia y Marcelo nunca le funcionaron las alcauciles.
La sugerencia de mi amiga tiene que ver con una vieja historia de amor que viví con el que fue mi primer amor, a los quince años. La historia es larga, porque yo me fui de la ciudad, y años después volvimos, antes que yo entrara a la universidad, y ocurrieron miles de cosas, y volvimos a la distancia cientos de veces, cientos de años y vacaciones que me arrancaba para estar algunos días a su lado. Cometí la infidelidad de casarme con otro, claro habíamos terminado antes y yo escogí. A los meses de separada, él trató de ubicarme y yo viajé a casa de mi hermana y finalmente nos contactamos y volvimos a revivir la historia que nuevamente falló. Por falta de compromiso de él y mía. Porque nunca nos decidimos a cambiarnos de ciudad, y dejar lo demás a un lado, estudios trabajos, tanta cosa. Con él aprendí a amar, pero entonces aprendí mal.
Todo esto no viene por la película, si no por una conversación que anoche tenía con la que fue una de mis profesoras en la universidad, que entre trago y música conectábamos con algunas historias del pasado. Ella, al igual que yo, hoy está con pareja y feliz. Pero sabe muy bien que eso no es fácil, que para ello no podemos repetir los errores del pasado.
Yo le explicaba que aprendí en determinado minuto que el amor es una decisión también, y un compromiso profundo con la otra persona. Dejar de ser la mujer racional que siempre decidía por los estudios, por el trabajo, por la familia, porque no sé quién me enseñó que todo eso estaba primero. Cuando le di la importancia a la mujer que necesita también amar y debía hacerlo, me reconcilié con el amor, y tuve fuerzas para no volver a necesitar alcauciles para el olvido, que por lo demás no existen en Chile.

PD. La película tiene algunas curiosidades. Alicia y Marcelo son interpretados en juventud por Malena Solda y Nicolás Pauls, y adultos por Gastón Pauls (hermano de Nicolás) y Ariadna Gil.

martes, octubre 18, 2005

Día del Cine en Atacama sin ninguna sala funcionando


Hoy se celebra el día del cine en Chile, y también en la región de Atacama y por supuesto en Copiapó. Bueno, no es por ser aguafiestas pero me parece que es un tema interesante de analizar, en primer lugar por el cierre del Cine Alhambra, que en un post anterior comento, y en segundo porque me he dado cuenta que la situación de esta industria cultural en nuestra zona merece más que un comentario.
En este momento, en la región de Atacama no hay ningún cine funcionando. Me he dado cuenta en una conversación que es así. En Copiapó, capital regional, estaba el Alhambra con sus quinientas butacas, en Vallenar la Municipalidad se hizo cargo del antiguo cine que actualmente funciona como teatro y exhibe las películas distribuidas en el circuito nacional una vez a la semana. En Diego de Almagro no hay sala que cumpla esta función, mientras que en El Salvador, subvencionado por Codelco también está el sistema de una o dos filmes a la semana. En Chañaral no hay sala de cine, mientras que desconozco la situación en detalle en Huasco, Freirina y Alto del Carmen, pero tengo la impresión que nada hay. Caldera es un caso aparte, que revela parte de las contradicciones de la zona: tiene un festival de cine de lujo durante el verano, mientras que el resto del año no cuentan con acceso al séptimo arte. Comercialmente, a todas luces el cine no es un buen negocio en la región de Atacama.
Sin embargo tenemos audiovisualistas que hacen sus obras, que las muestran a través de proyectos Fondart u otros apoyos en una única función, que yo sepa jamás han estado en el circuito de distribución, obtienen premios en festivales y desarrollan una activa promoción que es destacada especialmente por autoridades a la hora de hablar de los logros en materia artística de nuestra región.
Curioso fenómeno, como para darle una vuelta a la situación de esta industria cultural en este día del cine.

viernes, octubre 14, 2005

En defensa de Fuguet


Fuguet por estos días ha vuelto a estar en primera plana luego que estrenara “Se Arrienda”. Por cierto no he visto su opera prima como director, aunque sí he leído las entrevistas que ha dado a El mercurio, La Nación Domingo y The Clinic. Como vivo en una ciudad donde ahora no hay cine, no tengo muchas expectativas de ver prontamente la película, razón por la que voy a hablar más bien de su autor.
Lo leí por primera vez con “Sobredosis” en la edición de Planeta que también tiró a Pablo Azocar con la inolvidable “Natalia” por ahí por el ´99. Dicho sea de paso, dos autores con los que me he quedado a través del tiempo. Me gustó esa forma desenfadada y distinta de hacer literatura de Fuguet, en especial la aproximación que hace a la dictadura con “Pelando a la Rocío”, tan humana, tan real, en un libro que se autoproclamaba con sobredosis también de política y lo que por ese entonces era una literatura que mayoritariamente hablaba de los traumas de la época.
Me gustó y me gusta Fuguet, engancho con su estilo directo, su forma de utilizar el punto de vista interior, de hacerme entrar en los ojos y en la mente de sus personajes. A través del tiempo he ido entendiendo el rechazo que provoca en muchos, que prefieren tildarlo de varias cosas en busca de la descalificación. Creo que se trata más bien de quienes preferirían que a sus campos no entraran narradores como Fuguet, que se nutren de una realidad cercana, que alimentan la literatura con personajes que se desenvuelven en mundos a los que muchos no tenemos acceso, o en algunos casos que tienen referentes cercanos.
Con “Se Arrienda” el tema es conocido. Los idealistas que juraban no transar y que terminan vendiéndose por una posición, un trabajo o lo que ellos valoren. Ejemplos yo también he visto muchos, aunque en la época que yo estudié ya no habían tantos y a la mayoría de mis compañeros les interesaba más el éxito, definido para la mayoría más bien como los quince minutos de fama que Warhol decía que todos merecemos.
Vuelvo a Fuguet. Siempre he sentido su soledad, ese extrañamiento que lo marcó de niño y que a estas alturas comprendo, tal vez gracias a mi propia historia. Porque Fuguet estudia periodismo, pero tiene intereses y un background distinto, y es cuestionado por ello. No lo dejan ser completamente parte de. Cuando hace literatura también lleva a cabo la empresa desde su mirada, hasta entonces bastante divergente, citando a autores norteamericanos que pocos por entonces estaban interesados en mirar, y los escritores parecen defender y resistirse a este nuevo personaje, descalificándolo. Tampoco lo dejan ser parte de ellos. Pero tiene éxito, lo leen y muchos lectores comienzan a valorarlo, lo que también pasa en su ejercicio periodístico. Es periodista, pero también es escritor, y en definitiva un narrador que tiene algo que decir y nadie está dispuesto a valorar su propuesta fácilmente.
Al final, Fuguet como él mismo dice, ha seguido su camino mirando el horizonte y en eso no se ha perdido, siendo más consecuente que muchos de sus compañeros de universidad que cambiaron. Y no es que piense que el cambio sea malo, hay apreciaciones que sólo te las da la madurez, pero eso de no perder el sueño, que ames lo que estás haciendo, o al menos tengas un sentido de vida profundo en lo que haces –trabajo, vida social, un blog, lo que sea- me parece necesario. Y en eso no es fñacil encontrar compañeros de ruta que valoren y entiendan lo que haces, Fuguet al menos ha debido buscar su propia tribu.

martes, octubre 11, 2005

Adiós Cine Alhambra


Este sábado me enteré por los titulares de los diarios locales que el Cine Alhambra cerraba sus puertas. Fue una de las noticias que más me ha sorprendido en el último tiempo, porque fue directo a mis emociones, me tocó muy cerca. No es un edificio antiguo, ni de butacas incómodas, y durante el último tiempo la empresa hizo un encomiable esfuerzo por mejorar una de las mayores debilidades de la sala: su sonido.
Pero parece que nada fue suficiente para que el público copiapino reaccionara e hiciera el negocio rentable. Lo sé muy bien, porque de acuerdo a las cifras rojas he sido una de las pocas clientas asiduas de este cine que cerró sus puertas sin previo aviso. Me he sorprendido viendo películas que debían atraer a gran cantidad de público, como La Guerra de las Galaxias, Batman Inicia, las infantiles que me han permitido traspasarle a mi pequeño hijo de siete años el gusto por el séptimo arte, viéndolas apenas con un puñado de personas más. No recuerdo que proyección de hace poco la vimos sólo para nosotros, para Cristian y yo en una de esas noches donde la cartelera ofrecía un buen panorama.
Claro, no siempre fue así. Recuerdo haber reservado boletos con mi grupo de amigos en la adolescencia para ver "El Día Después" o "Brazil", cuando muchos de esa última película no entendían nada. También recuerdo la cartelera, siendo niña de "The Walk", antes que construyeran el edificio que hoy se cierra.
Hay otros recuerdos, como mi licenciatura, los inicios de las campañas políticas que de cábala allí comienzan, pero eso es menor ante la añoranza de tantas momentos de placer, de la impresión de realidad -según Metz- que te abandona frente a algunas imágenes. Jamás he ido al cine, ni siquiera de adolescente a pololear allí, si bien lo he hecho agradablemente acompañada, porque prefiero como en la actualidad tener con quien compartir una buena escena, o comentar el argumento. Las imágenes siempre fueron más poderosas, y quien me acompañe entiende que es una invitación a compartir un espacio interesante, más que un pretexto para salir con alguien.
Este cierre me provoca mucha nostalgia. Le tengo cariño a este cine, donde al ir siempre me sentía un poco minoritaria en esta ciudad, con sus cerca de 500 butacas, su gran cortinaje y esos detalles de las salas que han ido muriendo en el tiempo. Y el cine me resulta irremplazable a la tv o el Dvd, por esa pantalla grande, la oscuridad, y la dedicación que también significan.
Claro, es cierto que la piratería, la comodidad de ver los filmes en las casas y la simpleza de la televisión hacen que este tipo de cines mueran. Sé de un par de estudios de mercado que han arrojado resultados negativos para los interesados en poner salas de multicines, y ahora dicen que uno de los supermercados que preparan abrir sus puertas en Copiapó tendrá una moderna sala el próximo año.
Pero me quedo con algo de la nostalgia del cineasta Giuseppe Tarnatore cuando ve la gran sala y las proyecciones y la magia. Una nueva sala seguro tendrá mejor sonido, tal vez hasta sea más cómoda, siendo optimistas que se construya, pero no tendrá ya los recuerdos ni el encanto del viejo Alhambra.